Por todo lo alto, dirigida por Emmanuel Courcol, es una película típicamente francesa que aborda con delicadeza temas sociales y humanos: la lucha de clases, la brecha entre ricos y pobres, los barrios obreros y la élite. El cine francés es maestro en esto, como vimos en Intocable, La clase o Los miserables, pero a menudo cae en una zona de confort con historias predecibles y una narrativa perezosa. Sin embargo, de vez en cuando, llegan joyas que sorprenden, y Por todo lo alto es una de ellas, una cinta humilde que conecta por su compromiso social y su mensaje esperanzador, algo que resuena con el público francés, donde este tipo de películas bate récords de taquilla.

La trama sigue a un director de orquesta acomodado, Bernard, que sufre un desmayo y descubre que necesita un donante para sobrevivir. En el proceso, se entera de que es adoptado y que su familia no puede ayudarlo. Al buscar en una lista de espera, encuentra a un hermano desconocido, Adrien, que vive en un barrio humilde con dificultades económicas, aparentemente opuesto a él. Al principio, Adrien rechaza ayudarlo, pero pronto los hermanos entablan una relación que da inicio a la verdadera historia. La película despega cuando Bernard descubre que Adrien también es músico, pero no un director de élite, sino un intérprete en una banda comunitaria de un pueblo, un proyecto inclusivo que reúne a obreros para expresarse a través del arte, similar a Sing Sing, donde el teatro servía como vía de escape en una cárcel.
La relación entre los hermanos es el corazón de la cinta. Bernard, asentado, despierta en Adrien un deseo de superación, animándolo a no conformarse y a expandir sus habilidades como músico. Durante la primera hora y media, la película se mantiene lineal, casi una buddy movie con momentos de comedia, bien escrita y actuada, pero predecible y sin grandes sorpresas. Sin embargo, a 20 minutos del final, un evento inesperado cambia el registro, dando profundidad y potencia a la narrativa. Aquí, Courcol toma las riendas, mostrando su autoridad como director con un final optimista, lleno de esperanza, que evita caer en lo cursi o melodramático. Es un cierre brillante que fusiona el mensaje de la película con la conexión entre los hermanos, justificando la entrada al cine.
Las interpretaciones son un punto fuerte, especialmente la de Adrien, cuya lucha interna entre el deseo de superarse y el miedo al fracaso está plasmada con gran carga emocional. La banda sonora refleja los gustos opuestos de los hermanos, combinando jazz de Miles Davis, piezas clásicas de Beethoven, Mozart, Verdi y, sobre todo, el Bolero de Ravel, que cobra relevancia narrativa y da cohesión al clímax. Este eclecticismo musical enriquece la película, aportando matices a su mensaje de inclusión y superación.
Por todo lo alto es una grata sorpresa del cine francés, con un arranque predecible pero un final poderoso que eleva su mensaje optimista. Aunque la primera hora y media se mantiene en una zona de confort, los últimos 20 minutos, junto con las sólidas actuaciones y la música, hacen que valga la pena. Si te gustan las historias humanas con compromiso social, como Intocable, o buscas una cinta que termine por todo lo alto, esta película, presentada en el Festival de Cannes, es una apuesta segura. No es para quienes buscan algo experimental, pero cumple con creces para un público que valora lo emotivo y accesible.
