Dirigida por Nacho Vigalondo, Daniela forever es una propuesta de ciencia ficción que explora los sueños lúcidos con una frescura que destaca en el cine español, a menudo atrapado en siempre en los mismos temas. Vigalondo, conocido por obras originales como Los cronocrímenes, Extraterrestre y Open Windows, demuestra una vez más su capacidad para innovar, aunque en España no siempre reciba el reconocimiento que merece. Esta película, que recuerda a Olvídate de mí y a episodios de Black Mirror, usa un formato audiovisual ingenioso para diferenciar la realidad de los sueños: un aspecto panorámico para los sueños, que reflejan libertad, y un formato más cerrado para la realidad, que atrapa al protagonista, Nicolás, en su dolor.

La historia comienza en una discoteca, donde Nicolás, un DJ interpretado por Henry Golding, y su pareja, Daniela (Beatrice Grannò), narran su relación en voz en off, como si estuvieran sentados con el espectador. Tras una pérdida, Nicolás participa en un experimento con pastillas que le permiten controlar sueños lúcidos, donde puede recrear a Daniela. Al principio, fascinado por el poder de moldear todo, se pierde en la novedad, relegando la relación a un segundo plano. Conforme avanza, la película profundiza en su lucha por superar la pérdida, usando los sueños para aferrarse a un mundo irreal en lugar de seguir las reglas del experimento. Esta dinámica recuerda a Origen de Christopher Nolan, donde la línea entre sueño y realidad se desdibuja.

Los aspectos técnicos son un punto fuerte. El sonido, con disonancias y distorsiones, refuerza la irrealidad de los sueños, mientras los efectos especiales muestran limitaciones visuales —como muros grises en lugares que Nicolás no conoce— que enriquecen la narrativa. Los sueños recrean espacios madrileños como el café Pavón o el Parque del Retiro, pero también llevan al protagonista fuera de su zona de confort, explorando lugares desconocidos. La música electrónica, acorde con el perfil de DJ de Nicolás, no solo ambienta, sino que narra su estado emocional, fusionando tecnología y ensueño.

La película evoluciona de la ciencia ficción a tonos de thriller e incluso suspense, con un ambiente que se torna siniestro. Sin embargo, el ritmo tropieza en la última parte. Vigalondo extiende la narrativa con varios finales que, aunque podrían ser intencionados para saturar al espectador y reflejar la confusión entre sueño y realidad, ralentizan la experiencia y restan impacto. Este recurso, que busca agotar y desorientar, funciona conceptualmente, pero puede frustrar a quienes buscan un cierre más definido.

En resumen, Daniela Forever es una propuesta original que combina ciencia ficción, drama y comedia negra con un enfoque visual y sonoro innovador. La actuación de Golding, la ambientación madrileña y el mensaje sobre la pérdida la hacen destacar, pero los múltiples finales debilitan su ritmo. Si te gustan las historias de sueños lúcidos, como Origen, o las propuestas arriesgadas de Vigalondo, esta película te sorprenderá. Si prefieres narrativas más cerradas, el final podría decepcionarte. Es una cinta que no deja indiferente y confirma el talento de un director que merece más reconocimiento.

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