A Complete Unknown, dirigida por James Mangold, se suma al género creciente de los biopics musicales, siguiendo la estela de Rocketman (Elton John), Bohemian Rhapsody (Freddie Mercury), el próximo biopic de Michael Jackson y el peculiar Better Man (Robbie Williams), que usó un mono digital para retratar al cantante. Los biopics, al estar atados a hechos reales, limitan la creatividad del director y guionista, que deben ceñirse a la realidad. El verdadero reto no está en contar “qué” pasó —la vida de Bob Dylan está en libros y Wikipedia—, sino en “cómo” se cuenta, aportando algo nuevo que sorprenda incluso a quienes conocen la historia del artista.

La película, ambientada en el Nueva York de los años 60, sigue los inicios de Bob Dylan, un joven talento aún no reconocido, pero con un aura peculiar que desafía los estándares de la época. Timothée Chalamet, en una interpretación que evoluciona de contenida a carismática, captura la esencia de Dylan con gestos y manierismos tan precisos que, en ciertos momentos, parece que lo estamos viendo en persona. Su actuación refleja el impacto de Dylan en una era convulsa, marcada por eventos como la crisis de Cuba, donde su música folk, cargada de compromiso social, rompió con lo establecido y asustó a los conservadores. La recreación de este Nueva York bohemio, con sus bares, músicos callejeros y pobreza, está lograda, evocando la atmósfera de la magistral A propósito de Llewyn Davis de los hermanos Coen o la serie Treme de David Simon, donde la música era el alma de la narrativa.
Sin embargo, A Complete Unknown se queda en la zona de confort, entregando un biopic de manual y muy académico. Mangold, que ya exploró el género con En la cuerda floja (Johnny Cash), entrega un biopic convencional: una sucesión de canciones icónicas de Dylan, interpretadas casi íntegras, con momentos dramáticos y románticos como interludios. Para los fans, esto es un deleite, ya que las letras, que han pasado a la historia por su profundidad y conexión con los cambios sociales de los 60, brillan en pantalla. Verlas es como asistir a un concierto, con la tentación de aplaudir al final de cada tema. Pero este enfoque resta profundidad al personaje, relegando su vida personal y sus luchas a un segundo plano. Comparada con En la cuerda floja, que construyó un Johnny Cash complejo gracias a Joaquin Phoenix, esta cinta prioriza las canciones sobre la narrativa.

A diferencia de A propósito de Llewyn Davis, que usó a un Dylan secundario para contrastar el éxito con el fracaso de un perdedor, A Complete Unknown no arriesga con licencias creativas ni puestas en escena innovadoras. Se siente como un homenaje lineal, más centrado en celebrar la música que en explorar al hombre detrás de ella. Esto lo hace disfrutable, pero no memorable, especialmente para quienes buscan algo más allá de un repaso biográfico.
Es un biopic sólido para fans de Bob Dylan y amantes de la música. La actuación de Chalamet, la recreación de los años 60 y las canciones míticas son sus puntos fuertes, pero su fidelidad al género la hace predecible, sin los riesgos narrativos que podrían haberla hecho mucho más interesante. Si te emociona la idea de un concierto cinematográfico de Dylan, la disfrutarás; si buscas una visión fresca o innovadora, te dejará con ganas de más, ya que es un tributo correcto, pero no revolucionario.
