Weapons es una película que entrelaza varias historias, cada una con personajes distintos, pero conforme se desarrollan, van surgiendo más incógnitas que respuestas claras. Aunque la trama no siempre deja claro cómo se resolverá, el filme se siente como una colección de cortometrajes, con tonos y ritmos dispares. Por ejemplo, la historia del policía no tiene nada en común con la de la profesora. Hay un aire que recuerda a la reciente serie de Adolescencia de Netflix, no en las secuencias, sino en el espíritu de investigar el origen de un misterio. Sin embargo, este enfoque, aunque intrigante, es también el principal fallo de la película.

Aunque es un buen thriller, no todas las historias tienen el mismo peso: los personajes menos relevantes desconectan al espectador, y la cinta habría funcionado mejor si se hubiera centrado en la intriga en lugar de incluir momentos de terror con sustos baratos.

Esos sustos, que aparecen en un par de secuencias oníricas, no encajan bien con la trama principal, que gira en torno a investigar qué les pasó a unos niños. Argumentalmente, no aportan nada; solo parecen estar ahí para justificar que Weapons se catalogue como una película de terror. Esto es algo que vemos mucho en el género últimamente: un exceso de violencia gratuita, como en Devuélvemela, diseñada para impactar y generar malestar sin avanzar la narrativa. En la primera mitad, la película tiene un estilo que recuerda a David Fincher, aunque con un lenguaje distinto. Se centra en una investigación casi amateur, liderada por personajes como la profesora y un padre, mientras que la investigación policial queda en segundo plano, algo que el director elige no mostrar.

Todo cambia con la aparición de un personaje, la tía, que marca un punto de inflexión. Hasta ese momento, la cinta es un thriller intrigante, pero con ella se vuelve más terrorífica, rozando incluso lo ridículo. En varias escenas, el público en la sala se rió, quizás porque el director lo buscó intencionadamente. Sin embargo, el final adopta un tono tan distinto —casi cómico— que descoloca, especialmente por cómo resuelve la trama. Este cambio abrupto puede desconectar a quienes esperaban una conclusión más coherente con el tono inicial.

Lo mejor de Weapons es, sin duda, su banda sonora, compuesta por el propio director junto a dos hermanos. Con un enfoque experimental y un uso destacado de la percusión, la música realza las mejores escenas de la película, especialmente aquellas sin los típicos sustos silenciosos de las cintas de terror clasificadas como R. No es casualidad que los momentos más memorables coincidan con la banda sonora, ya que el director, al escribir, dirigir y componer, pone un cuidado especial en este aspecto. Esto demuestra la importancia de la música para reforzar la narrativa y la atmósfera.

En resumen, Weapons es una película de terror veraniega que destaca por su premisa inquietante y la intriga de desentrañar qué pasó con los niños. Sin embargo, se ve lastrada por sustos innecesarios y una trama que, aunque entretenida, no innova. Es una historia que hemos visto muchas veces, y las partes de terror parecen añadidas solo para encasillarla en el género. Aunque tiene momentos destacables, especialmente gracias a la banda sonora, no logra destacar en un panorama saturado de thrillers y películas de terror similares. Es una cinta que entretiene, pero no deja una marca duradera.

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