Devuélvemela, la segunda película de los hermanos Philippou, marca un paso adelante en la carrera de estos directores australianos, conocidos por sus inicios en YouTube con cortos gore y cómicos, típicos de la época dorada de la plataforma. Tras el éxito de Háblame, una cinta juvenil que usaba un tótem de terror —una mano embalsamada— para crear una atmósfera casi de comedia universitaria, esta nueva entrega abandona por completo el humor. Devuélvemela es un filme mucho más crudo, centrado en un terror más visceral y perturbador.

La historia sigue a dos hermanastros que se mudan a una casa de acogida, donde conviven con una mujer y un niño peculiar. Si no has visto el tráiler, entras con poca información, lo que permite que el guion te atrape al construir la intriga sin revelar de inmediato las intenciones de la mujer o la naturaleza del niño. Este enfoque, que te hace montar la película en tu cabeza, está bien ejecutado. Sin embargo, la cinta es algo irregular: una escena de una fiesta rompe el ritmo, ralentizando la narrativa que hasta ese momento mantenía una tensión constante. Todo cambia con un evento a mitad de la película, uno de los momentos más impactantes que he visto en el cine de terror reciente, que eleva la experiencia y compensa cualquier altibajo.
Lo que distingue a Devuélvemela es su conexión con la era dorada del cine de terror, revitalizada en gran parte por A24. Esta productora, aunque a veces se encasille en el género, ha entregado obras destacadas al apostar por un estilo que combina ritmos lentos, un uso detallado del sonido y una atmósfera inquietante. En esta película, el sonido es clave: escenas con un cuchillo o una mesa de madera generan malestar no por sustos baratos, sino por la intensidad de los efectos sonoros y el maquillaje. A diferencia de filmes como The Monkey, que mezclan gore con comedia, o incluso Midsommar de Ari Aster, que logra incomodar con su narrativa, Devuélvemela evita los sustos fáciles. No recurre a golpes de sonido para asustar —un recurso que, rodeado de altavoces, no tiene mérito alguno—, sino que construye una atmósfera opresiva que desfigura a los personajes a medida que conocemos las intenciones turbias de la madre de acogida.

Aun así, la película cae en algunos clichés del terror. Desde el momento en que los hermanastros llegan a la casa, el espectador intuye que algo malo pasará, un esquema visto en innumerables cintas de sucesos paranormales o habitantes extraños. Esto puede desconectar a los fans más exigentes del género, que buscan algo más innovador. Argumentalmente, Devuélvemela no se aleja mucho de los tropos típicos, como el rollo satánico o el found footage, lo que limita su originalidad. Sin embargo, el personaje de la madre, interpretado por Sally Hawkins, es un acierto. Su actuación, que recuerda a la intensidad de Vértigo de Hitchcock, pero llevada a un terreno más perturbador, hace que odies al personaje mientras evoca una obsesión por reemplazar a su hija fallecida. Este toque hitchcockiano añade profundidad, aunque la trama no siempre logra innovar.
A24 juega un papel crucial al respaldar a talentos emergentes como los Philippou, quienes demuestran aquí que no son solo youtubers, sino directores serios. Su dominio del terror es evidente, aunque me gustaría verlos explorar otros géneros, ya que un buen cineasta debería tocar varios registros. La productora ha convertido su nombre en sinónimo de cine independiente de calidad, alejado de la fórmula hollywoodense, y esta película es un ejemplo de ese aire fresco, aunque no esté exenta de fallos.

En cuanto a la música, el género de terror sigue estancado, con bandas sonoras que abusan de distorsiones de chelos y violines para crear tensión. En Devuélvemela, la música encaja con la atmósfera de malestar, pero no innova. Un momento destacado es un plano de la chica ciega mirando por la ventana, donde la banda sonora adopta un tono más esperanzador, contrastando con las distorsiones predominantes. Este detalle muestra un esfuerzo por no depender solo de los sustos, un pequeño avance en un género donde las partituras tienden a ser indistinguibles.
En resumen, Devuélvemela es una película de terror sólida, más madura que Háblame y con ecos del cine de Ari Aster. No es un slasher ni recurre a la comedia; es un filme gore que incomoda y mantiene un equilibrio notable entre atmósfera y narrativa. Aunque cae en algunos clichés y su ritmo decae en momentos, logra ser entretenida y perturbadora. Los hermanos Philippou confirman su talento, respaldados por A24, y aunque no revoluciona el género, supera ligeramente a su predecesora y ofrece una experiencia que los amantes del terror apreciarán.

