La saga Misión: Imposible llega a su fin con su octava entrega, cerrando más de 30 años como referente del cine de acción. En sus inicios, quedó algo opacada por gigantes como James Bond o Jason Bourne, que destacaban por su acción vertiginosa y tramas de espionaje. Sin embargo, Misión: Imposible fue ganando terreno, especialmente desde la cuarta y quinta películas, cuando se convirtió en un evento cinematográfico imperdible.

Comenzó en 1996 con Brian De Palma, cuya cinta inicial, más pausada, incluía la icónica escena de Ethan Hunt colgado en las oficinas de Langley, donde el silencio y la lentitud creaban una tensión magistral. A partir de la segunda entrega, la saga abrazó una acción más trepidante, dejando atrás ese enfoque.

Cada película ha tenido su sello. Las tres primeras, dirigidas por directores distintos, son muy diferentes entre sí. Muchos consideran la segunda, dirigida por John Woo, la peor, pero yo la veo como la más valiente y distintiva, con un estilo visual que parece un videoclip, lleno de escenas memorables y un aire único. Desde la llegada de Christopher McQuarrie como director, la saga encontró uniformidad y un reconocimiento audiovisual consistente.

Si tuviera que hacer un ranking de peor a mejor, pondría la séptima película como la más floja, ya que parecía un preludio de tres horas para esta final, reservando demasiado para la conclusión, aunque tuvo momentos destacados como la persecución en Roma o la escena del tren. Le seguiría Misión: Imposible 3 de J.J. Abrams, lastrada por problemas de producción, pero con buenas escenas de acción. Luego, Nación secreta, que recuerda a un James Bond menor, pero brilla con la escena de la ópera de Viena. La segunda, como dije, es subestimada por su audacia. Fallout estaría más arriba por exagerar lo mejor de la saga, con la persecución en helicópteros como punto álgido. Para mí, Protocolo Fantasma es la mejor, la más equilibrada, que asentó las bases de lo que la saga sería después.

Esta octava película, el capítulo final, corrige algunos errores de su predecesora, pero no está exenta de fallos. La trama, centrada en una inteligencia artificial como villana global, es la más ambiciosa y grandilocuente de la saga. A diferencia de las anteriores, que mantenían los conflictos en secreto, aquí el peligro es a escala mundial, pero la cinta peca de explicar demasiado la IA, como si subestimara al espectador. Además, abusa de flashbacks de películas previas, lo que ralentiza el ritmo, y su metraje excesivo se siente en las escenas de diálogo, que son algo pesadas. Sin embargo, no se hace larga gracias a la estructura clásica de la saga: un prólogo de acción, seguido de una o dos grandes secuencias en escenarios icónicos. En esta entrega, las escenas del submarino y del avión, vistas en el tráiler, son lo mejor, diseñadas como set pieces memorables que sostienen la película.

El alma de Misión: Imposible es Tom Cruise, un icono del cine cuya carrera se revitalizó con esta saga tras controversias personales. Su compromiso físico, realizando acrobacias reales, ha sido el corazón del marketing: desde escalar el Burj Khalifa hasta subirse a un avión en movimiento. Esta película no es la excepción, con Cruise entregando escenas que refuerzan su legado. Aunque no alcanza el nivel de Protocolo Fantasma o Fallout, mejora ligeramente a la anterior, aunque el listón estaba altísimo. Comparada con John Wick, otra referencia del género, Misión: Imposible se centra menos en combates cuerpo a cuerpo y más en secuencias espectaculares, llevando el cine de acción a lo más alto.

La música, un pilar de la saga, parte del tema original de Lalo Schifrin de la serie de los 60. Desde la primera película, con Danny Elfman, hasta versiones como la de Limp Bizkit con guitarras eléctricas o la de Lorne Balfe con percusión adrenalínica, el tema ha sido adaptado para momentos de acción y drama, dándole vida a la saga. En esta entrega, sigue siendo un componente clave, alternando ritmos rápidos y violines melancólicos para los momentos emotivos.

En resumen, esta última Misión: Imposible no es de las mejores, pero es un colofón digno para una saga que ha entregado algunas de las mejores escenas de acción y espionaje en 30 años. Filmada en IMAX, es una experiencia que merece verse en pantalla grande. Si te gusta el género de acción, no te decepcionará, aunque no alcance las cimas de Protocolo Fantasma. Es una despedida entretenida, con momentos memorables, que consolida a Misión: Imposible como una de las grandes sagas del cine.

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